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Acabar con el hambre en el 2030 es uno de los grandes desafios, según la ACHM-E

By 13 noviembre, 2018 No Comments

Uno de los grandes desafíos es acabar con el hambre en el año 2030. Esta es una de las conclusiones del V Encuentro de la ACHM-E que, presentado bajo el título “Malnutrición: carencias, excesos y desequilibrios”, reunió en León la semana pasada a representantes de algunas de las principales entidades sociales españolas que trabajan en el ámbito de la malnutrición: Acción contra el hambre, ACNUR, FAO, Prosalus y el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Santiago de Compostela.

Tras su inauguración, la médico nutricionista de Acción contra el hambre, Pilar Charlé, abrió la jornada con una ponencia sobre la “Malnutrición: concepto y tipologías”. Según explicó, dentro de la definición de malnutrición se han de incluir carencias, excesos o desequilibrios, tanto de ingesta como nutricionales, para a continuación examinar sus posibles causas, entre las que se encuentran unas inmediatas, como es la ausencia de alimentos, como otras subyacentes, más profundas, de índole familiar, y por último otras más complejas, de tipo social, como pueden ser los problemas educativos, fundamentalmente en las mujeres o en las clases más desfavorecidas, o la dejación de los Estados en garantizar algo que debe ser un derecho básico, como es el derecho a la alimentación saludable.

Según advirtió, la desnutrición infantil por debajo de los 24 meses inevitablemente afectará al desarrollo físico, neurológico, psicológico y cognitivo, condicionando su desarrollo personal y social, y convirtiendo la malnutrición en un círculo vicioso.

Esta realidad es tan trágica como que 5.000 niños mueren al día por esta causa.

La trampa del hambre reside en que la falta de voluntad política en los Estados para abordar esta cuestión  hace que se frene el desarrollo de los países, cerrando el círculo vicioso al que antes aludíamos, puesto que el hambre tiene solución, y para ello sería necesario desarrollar políticas que inviertan en mejorar el derecho a la salud, al agua y a la alimentación.

A continuación, y con el objetivo de abordar esta problemática de una manera global y bajo el prisma de la población refugiada, intervino la coordinadora del área técnica del Comité español de ACNUR, Karmele Sáez. En su intervención titulada “Hambre y desplazamiento” recordó que en la actualidad existen 69 millones de desplazados por la fuerza.

El hambre que pasan estas personas, y que les obligan a tales desplazamientos, se puede y se debe atajar desde una perspectiva global, considerando las causas subyacentes como son la violencia y los conflictos, el cambio climático, y las restricciones en el acceso al trabajo y a las tierras.

La búsqueda de esa solución integral hace necesario cambios fuertes, que garanticen el acceso a esos derechos, como ya contemplaba la Convención de Ginebra de 1951.

No deben olvidarse la persistencia de conflictos crónicos como los de Sudán del Sur o Yemen, u otros tantos similares, en los que a pesar de ser países ricos en recursos, los obstáculos como la inestabilidad política, el cambio climático, la falta de infraestructuras, las carencias en inversiones o la desigualdad de géneros hacen que la mitad de sus poblaciones tengan dificultades para encontrar alimentos suficientes a diario, o 1 de cada 20 de sus niños mueran antes de los 5 años, por causas por otra parte hoy en día evitables, como pueden ser las diarreas, la malaria o la anemia.

En este sentido ACNUR se esfuerza en la detección precoz, la adopción de medicas preventivas de las causas antes señaladas, la distribuciones de raciones alimentarias equilibradas, la mejora en la producción de alimentos para llegar a la autosubsistencia, así como la educación nutricional y los consejos médicos a embarazadas y para lactantes.

En este ámbito de no solo tratar sino prevenir, es vital la lactancia materna, así como conseguir espacios seguros para la misma, lo que lo convierte en un problema social.

La solución a estas circunstancias pasa por un enfoque multisectorial, con acciones sostenibles, y que garanticen la protección de los derechos a las tierras para autosubsistencia, así como la resiliencia, y adoptar responsabilidades compartidas que ayuden a los refugiados a no solo subsistir, sino a prosperar.

En la declaración de Nueva York de 2016, 52 estados se comprometieron a colaborar en la resolución de los conflictos, promocionar la integración en acogida, mejorar la enseñanza y facilitar tierras de labranza.

Acabó Karmele recordando las palabras de Platón según  las cuales La libertad consiste en ser dueños de la propia vida.

El director de la ONGD Prosalus, José María Medina, aportó la postura de la sociedad civil y la política ante la malnutrición. Para Medina, el hambre es un problema político, y como tal ha de abordarse. No en vano recordó las palabras de que la malnutrición en todas sus formas es una causa de la que no se escapa ningún país.

En este sentido, también recordó que actualmente el sobrepeso y la obesidad matan más que el narcotráfico y la violencia en todas sus formas, y que se da la aparente paradoja que las clases más desfavorecidas socialmente tienen un 157 % más de obesidad que las clases socialmente más favorecidas.

Hay que construir un sistema alimentario inclusivo y sostenible, puesto que la malnutrición va en contra de la sostenibilidad.

En este sentido debemos tener en cuenta la necesidad de disponibilidad de alimentos, aspecto en el que afortunadamente se va mejorando, pero también hay que considerar que estos alimentos deben ser accesibles, y no podemos obviar la realidad de que, por ejemplo en España hay 600.000 personas en situación de inseguridad alimentaria. Por otra parte estos alimentos deben ser estables en el tiempo, aspecto que hoy en día está muy afectado por el cambio climático.

Además los alimentos deben tener utilización biológica, suficientes en cantidad y calidad a las características de cada persona, con dietas equilibradas e inocuas , y que la situación de salud de las personas permitan su asimilación, y por supuesto deben garantizar la sostenibilidad del sistema alimentario.

Los sistemas alimentarios actuales no ayudan a conseguir estos objetivos, configurando un sistema alimentario global que ya se da en llamar obesogénico. Hay grandes desequilibrios en los estímulos, facilitando los alimentos ultraprocesados.

La prestigiosa revista médica The Lancet realizó dos informes dando la voz de alarma en este aspecto, en los años 2011 y 2015, y poniendo de manifiesto como estos desequilibrios afectan más a la pobreza, y como un bajo nivel de educación e ingresos están directamente relacionados con el incremento del sobrepeso y la obesidad.

Por todo ello hace falta una reforma profunda que contemple la educación fundamental tanto a nivel infantil como de los consumidores, que regule determinadas campañas publicitarias, que revise el sistema de precios, así como los incentivos al sistema sanitario, y que la Administración incluya estos conceptos en sus pliegos de contratación, y ejerza su capacidad reguladora.

Relacionado directamente con esto el sistema alimentario debe garantizar su sostenibilidad, que es puesta en peligro por la malnutrición, y que es socavada por el actual sistema obesogénico.

En estos ámbitos todos los actores tenemos desafíos de respetar, proteger y garantizar la alimentación correcta, y aquí debemos participar la sociedad civil, es decir todos nosotros, considerando que la alimentación adecuada es un derecho humano, y empujando para que esto se contemple en las diversas legislaciones, y también deben participar las empresas contemplando sistemas a futuro, es decir, sostenibles, puesto que el actual sistema agro-alimentario está enfermo y ya no nos sirve.

La profesora del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Santiago de Compostela, Mónica Pérez-Ríos, puso sobre la mesa los datos sobre malnutrición en España desde la perspectiva de la Epidemiología y la Salud Pública.

En un estudio llevado a cabo por su Departamento en Galicia en el año 2014, en población infantil y en el que participaron 7.443 escolares entre 6-15 años, y cuyos datos, como posteriormente explicó, podrían ser extrapolables al resto de España, la tasa global de incidencia de este problema es del 16,4 %, con variaciones por sexo y edad.

La obesidad afectaría al 14,8 %, lo que implicaría la afectación de 29.040 niños, y la tasa de malnutrición por defecto afectaría al 1,6 %.

Ante esta realidad, consideró la Profa. Pérez-Rios que deben promoverse medidas de prevención primaria a edades tempranas , y que es absolutamente necesario que estos estudios se repitan por comunidades autónomas, dadas sus distintas realidades, y repetirlas para observar tendencias y evolución, con unos plazos no superiores a los 5 años.

 La última ponencia corrió a cargo de Arturo Angulo, coordinador adjunto de la oficina de la FAO en España, que tituló “Desafíos y tendencias”, y en la que puso de manifiesto que nuestras acciones constituyen nuestro futuro, y se refirió a la importancia de la reciente Cumbre Mundial Interparlamentaria, que tuvo lugar en Madrid, bajo la presidencia del Presidente del Senado, y que tenía por objeto consensuar medidas legislativas que lleven el derecho a la alimentación a la normativa positiva de los diversos estados. Recuérdese, por ejemplo, que nuestra actual Constitución no reconoce tal derecho.

Enfatizó que aún estamos a tiempo de salvar nuestro planeta de una situación dramática en la que 821 millones de personas, es decir el 15 % de la población, pasan hambre, y que esta tasa está subiendo desde los últimos tres años, y que la mortalidad infantil es de 3 millones/año, y la mitad de esta mortalidad es por malnutrición.

Además otros 2.000 millones tienen desequilibrios en sus nutrientes, y otros 2.000 millones más padecen sobrepeso u obesidad, constituyendo la mayor pandemia del siglo XXI, y que como antes se expresó está íntimamente vinculada con la pobreza, y aumenta el riesgo de enfermedades no transmisibles (cáncer, cardiovasculares, etc).

No se debe olvidar por otra parte que la huella de carbono del actual modelo alimentario supone entre un 20 y un 30 % de la producción de los gases que constituyen el efecto invernadero.

Todo ello en un mundo donde la producción actual de alimentos satisfaría con mucho las necesidades de toda la humanidad.

Los desafíos sería acabar con el hambre en el 2030, para lo que sería suficiente con solo 265.000 millones de dólares al año, pero la tendencia no es tal, puesto que se rompió por efecto de la crisis.

Por otra parte, los conflictos bélicos, tan relacionados con el hambre, se han incrementado en un 100 % en los últimos 15 años, así como los fenómenos del cambio climático, la tendencia a la urbanización progresiva, y la condensación en unas pocas manos de los sistemas alimentarios.

Todo ello hace que vivamos en un momento de inflexión que hace necesaria la transformación de los sistemas alimentarios, cambios en los marcos legales y reformas en los sistemas de comercio, pues de otro modo el mundo y el sistema alimentario no son sostenibles.

Necesitamos una alimentación sostenible, un incremento de las infraestructuras, sistemas de equidad e inclusión, y la adecuación del sistema sanitario.

Todo ello constituiría una oportunidad para avanzar, siendo el momento de una acción decidida y coordinada en políticas públicas. No obstante debemos ser conscientes de que no hay medidas mágicas, y por ello hemos de insistir sin desmayo en reforzar las campañas de sensibilización, la educación nutricional, promover la venta de alimentos frescos, regular los alimentos procesados, adecuar las políticas fiscales, restringir determinadas publicidades, fortalecer la salud preventiva, y colaborar decididamente en el Decenio de la Acción de la Nutrición en España.

El encuentro se cerró con la presentación del libro de Manuel Bruscas “Los tomates de verdad son feos”, que aborda la problemática del despilfarro alimentario, uno de los temas en los que más ha trabajado la ACHM-E. De hecho, el II Encuentro nacional, celebrado en Asturias en 2015, versó sobre las pérdidas y desperdicios en los sistemas alimentarios y a raíz de sus conclusiones se publicó una guía de recomendaciones para la acción bajo el título “¿Cómo reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos?”, elaborada por el director de Prosalus, José María Medina, bajo la supervisión de los participantes en el encuentro.

El libro citado es de una gran belleza literaria y plástica sin por ello dejar de abordar temas realmente duros, con gran raciocinio y profusión de datos incontestables, pero con gran ternura y planteadas las propuestas de sensibilización y de acción desde la ilusión y el corazón

Por último, además de reitera el agradecimiento por su asistencia, y enfatizar el papel de los medios de comunicación como agentes esenciales en todo este complejo y difícil proceso, recordarles que el objetivo de la ACHM-E es promover la reflexión y sensibilizar acerca del hambre y la malnutrición, generando espacios de debate e intercambio de experiencias, desde la esperanza y sin desmayo, estando convencidos que otro mundo mejor, más solidario y sostenible es posible.

FUENTE DE LA NOTICIA: ACHM-E