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Paisanismo: los que apostaron por el campo y se quedaron en Asturias

By 3 febrero, 2019 No Comments

 

Si importantes son los que llegan a Asturias desde fuera, no menos importantes son los que se quedan en este paraíso a veces cercano al infierno, que se come a sus propios hijos y los regurgita para luego escupirlos a la distancia justa que permite laseñardá. En una región que en tres décadas ha perdido casi 100.000 habitantes, apostar por la zona rural se convierte en un reto, no sólo por emprender, sino por elegir un modo de vida alejado de las grandes ciudades.

Demostrar que hay vida y trabajo más allá de las urbes, y siquiera de la zona central de Asturias, es un ejercicio exigente cuando se tiene en cuenta que el 80% de la población está concentrada en este famoso ocho que discurre entre Oviedo, Gijón, Avilés, Mieres y Langreo, mientras que las alas no vuelan por su cuenta porque les falta motor. “Desde los despachos de Oviedo no nos ven; ven inevitable lo que ven. Pero todos no serán tontos… ¿y nadie puede hacer nada?”, reflexiona Antonio Vázquez Rodríguez, Toño Penalcarro, oriundo de Villar de Bullaso, en el concejo de Illano, y afincado en Castrillón de Boal. De igual forma, Jhonatan González Ovalle, con una mano increíble para la pastelería en Cabo Busto (Valdés), se pregunta “si todo lo bueno tiene que estar en la ciudad. Yo quiero que esté aquí, en mi pueblo de 200 habitantes, y ofreciendo una materia prima de primera calidad”.

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