Artículo de Opinión

Francisco Martínez Arroyo, consejero de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha.

En estos dos años ya como consejero de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha he tenido la oportunidad de conocer e impulsar distintas iniciativas relacionadas con este sector, tan importante en la región y en el conjunto de nuestro país. La superficie forestal es el 45 % de la superficie de Castilla-La Mancha y supone unos 1.000 millones de euros de facturación.

Es, sin duda, una importante herramienta para llevar a cabo una verdadera política de desarrollo rural en el territorio. En muchas zonas, principalmente de montaña, es casi la única alternativa económica para el desarrollo.

Reivindico, pues, la importancia de la palabra política para decidir, por ejemplo, si se apoya, más o menos, a las empresas forestales, fomentando los tratamientos selvícolas -como hemos hecho en Castilla-La Mancha recientemente con dos convocatorias de ayudas: una, para montes particulares y otra, para montes de utilidad pública, dotadas con 23,5 millones de euros, en el marco de Programa de Desarrollo Rural (PDR)-, o la inversión en maquinaria y tecnología forestal -8,5 millones de euros en la línea de ayuda aprobada también recientemente-, por poner algunos ejemplos.

También es política la decisión de realizar tratamientos preventivos como media para combatir los incendios forestales en la época de menos riesgo de incendios. Ésta fue una de las primeras decisiones que tuve la oportunidad de tomar al poco tiempo de mi nombramiento.

Así, desde hace dos años, el personal de Geacam (la empresa pública para actuaciones medioambientales y prevención y extinción de incendios forestales en Castilla-La Mancha), que trabajaba 9 meses al año, trabaja ya 12, actuando en trabajos de prevención todo el año -menos los cuatro meses de mayor riesgo de incendios, del 1 de junio al 30 de septiembre, época en la que todos los esfuerzos se centran en combatir los incendios que puedan producirse-. Lo que ha permitido casi doblar el número de hectáreas sobre las que se actúa a lo largo del año -superficie todavía insuficiente, no obstante-.

También es política la decisión de contar con 427 agentes medioambientales, 10 directores de extinción, 40 técnicos en los centros de coordinación regional y provinciales y mas de 2.00o personas de Geacam, entre retenes, técnicos y coordinadores, para la campaña de incendios forestales.

Todas estas decisiones contribuyen, sin duda, a que el sector forestal genere más actividad, se mantengan, e incluso se fortalezcan, las cooperativas o empresas forestales de nuestros pueblos, se cree más empleo, se aprovechen más los recursos forestales y se limite el riesgo de incendios.

Hoy quiero centrarme en esta última cuestión. A pesar de todos los esfuerzos, sigue habiendo incendios. Sin embargo, todavía hay algo más que se puede hacer, una decisión política importante: la difusión de mensajes de concienciación a la ciudadanía que alerten de las consecuencias de las imprudencias o de las negligencias y de la importancia de cuidar nuestro patrimonio natural. Y, después, está la suerte, principalmente la meteorología, que puede ser más o menos aliada en esta tarea de la lucha contra los incendios.

Hace poco más de una semana se originó un incendio forestal en Yeste, en la Sierra del Segura, un paisaje único de la provincia de Albacete, cerca del Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, el segundo parque -tras las Lagunas de Ruidera- con más visitantes de Castilla-La Mancha -300.000 visitantes al año-.

En estos momentos, los Agentes Medioambientales de la Brigada de Investigación de Incendios Forestales, recuperada en esta legislatura -tras haberla suprimido el Gobierno anterior en la legislatura pasada- está trabajando en determinar la posible causa del incendio.

El incendio ha calcinado más de 3.000 hectáreas y fue muy complicado de perimetrar, primero; estabilizar, en segundo lugar;  y controlar, ocho días después de su inicio. Las dificultades del terreno, abrupto, muy escarpado, unidas a la meteorología extrema -altas temperaturas y humedad relativa bajísima- han dificultado mucho los trabajos desde el inicio. En su extinción han participado medios aéreos y terrestres del dispositivo Castilla-La Mancha y apoyos de otras comunidades autónomas -Andalucía, Murcia, Valencia y Cataluña-, del Ministerio de Agricultura, y de la Unidad Militar de Emergencias. Todos han sido movilizados a decisión del criterio técnico del equipo de coordinación de la extinción, capitaneado por el director de extinción.

Logicamente, todos coincidimos en que lo primero era la seguridad de los habitantes de Yeste y Molinicos -los dos pueblos afectados-, y de los miembros del dispositivo. En segundo lugar, garantizar la integridad de las viviendas de las pedanías. Ambos objetivos fueron conseguidos. Para esto, además de la lucha contra el fuego, fue necesario evacuar pedanías e, incluso, confinar a los habitantes de Molinicos. Sé lo que esta situación supone para las personas, pero sentí su comprensión  y su confianza en las decisiones tomadas, a pesar de todo, cuando estuve con ellos. Fue una de las experiencias más reconfortantes de mi vida, cuando saludé y di cariño -ellos me dieron más a mí- y ánimo a los que, una vez evacuados, se quedaron en las dependencias municipales de Yeste y Molinicos.

Y en cuanto a la superficie quemada, aun siendo muy importante, se limitó a una única cuenca, gracias a las decisiones del director de extinción, afectando a masas de pino carrasco, fundamentalmente, y menos de 700 hectáreas del Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima (aproximadamente un 3 por 100 de la superficie del parque). Sin duda, una gran pérdida. Seguro que hubo decisiones más acertadas que otras, e, incluso, errores, como en cualquier actividad o ámbito humano.

Tuve la oportunidad de conocer y de convivir con muchos de los que han trabajado en el incendio, de ver su trabajo, su compromiso con la sociedad -desde el director general de Política Forestal y Espacios Naturales al último trabajador de Geacam-, luchando contra el fuego en un paraje único. Y he sentido su responsabilidad en cada momento, a pesar de todo.

Habiendo estado al lado de aquellos que tomaron las decisiones, habiendo participado en sus reuniones, sé que los aciertos fueron más que los errores y que gracias a ellos -a todo el dispositivo- se consiguieron los objetivos prioritarios y se limitaron los efectos del incendio.

Me siento muy orgulloso de haber confiado en los que saben, en los que tienen la formación adecuada para tomar las decisiones en la extinción de un incendio forestal. Este incendio tan complejo se estudiará en las escuelas para los futuros ingenieros de Montes. Y también, tengo que decirlo, estoy satisfecho de las decisiones políticas que mencioné al inicio.

Y aun así, quizá la decisión más política de todas sea, en realidad, confiar en el criterio técnico para apagar los incendios forestales. Eso hicimos en Yeste. Tomar la mejor de las decisiones políticas, ¡claro que sí!”

Fuente de la Noticia: Francisco Martínez Arroyo, consejero de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha.

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